Ocupar sin medir

Hablar del espacio en el sentido de la “esfera publica”, partiendo de una  definición habermasiana, es considerar la “construcción de mundos”, noción que conlleva un sentido fenoménico, metafísico y político, y que  abarca un conjunto de experiencias construidas mediante múltiples vín culos intersubjetivos, hábitos, mecanismos de autorreconocimiento, dis tinción y representación, así como regulaciones que norman el compor tamiento de la vida colectiva. El arte actual pareciera implicarse en esta construcción social “del mun do” de dos modos: por una parte, contribuyendo a la generación de un  espacio público, o desequilibrando/cuestionando el funcionamiento de  un espacio controlado que la oficialidad enuncía como público, tal como  los activistas alemanes a.f.r.i.k.a. gruppe hicieron en Horror vacui, jugando  con la apoderación invisible que empresas privadas hacen de los lugares  comunes. La polis es aquí el tablero de operaciones, configurando un arte  de acción directa que actualmente es tema fundamental de los estudios  en los modos de participación del arte en el ejercicio cotidiano (arte como  activismo, como resistencia, e incluso como saboteador). 

El otro modo funciona como una práctica más vinculada con su espa cio categórico, desde donde reflexiona, critica y hace comentarios acerca  del espacio público y modela “mundos posibles” de relaciones humanas  alternativas en la condición actual. En este sentido, el objeto artístico  también entabla una relación con su espacio “político” de presentación,  introduciendo reflexiones sobre los contenidos simbólicos y políticos de  la institución artística, entendida como parte del entramado cultural y  social. De esta genealogía son clave los trabajos de Richard Serra, entre  ellos Slice, instalada en 1980 en la galería Leo Castelli de Nueva York, o  algunos años más atrás, las intervenciones de Hans Haacke. 

Estas dos formas en que el arte acciona para la configuración de la polis  – actualmente tan distintas en la praxis por la relación que mantienen  con los espacios convencionales para su presentación –, tienen un punto  de partida conceptual común que se originó en la vanguardia. Desde el  collage cubista, el constructivismo ruso o la poesía dadaísta hasta las serigrafías pop, los “gabinetes” fluxus o las ediciones videográficas de Nam June Paik, todas parten de la libertad en el empleo de lenguajes y modos  de producción ajenos al arte per se, y que – vinculados a reflexiones me ta-artísticas – expandieron el entendimiento del mundo del arte, o bien,  han tenido como intención disolver los límites de lo artístico. 

 De la apropiación de lenguajes y la relación del arte con el espacio público,  encontramos aquí trabajos que se valen de las propiedades categóricas del  arte adscrito a un espacio físico para hablar de sí y de su institución (Ramón Menasanch), de la crítica a los medios de comunicación masiva (Fina  de López), de las instancias de poder (Andrés-Felipe Osorio Duque), de los  actores sociales antagonistas a estas instancias (Lenys López), y de la crítica  a las estrategias discursivas contemporáneas “incluyentes” (Rafael Sáenz).


Ocupar sin medir. Colectiva.

Sede. Galería como ve ves, te verás, Barcelona

Mayo 2009